
Las
cloacas
La
red sanitaria de cualquier urbe romana permitía la evacuación de
todo el agua residual hacia los ríos. En el caso de Astúrica
Augusta, ésta se llevaba a cabo hacia el Jerga y el Tuerto mediante el
uso de dos redes de cloacas sucesivas en el tiempo. Inicialmente se construyó
una pequeña, adintelada y con capacidad limitada, pero debido al
crecimiento de la ciudad en la segunda mitad del siglo I, fue necesario
desarrollar una segunda de mayor caudal.
La
primitiva data del primer tercio de siglo, probablemente construida por la Legio
X mediante dos paramentos de piedra trabada con argamasa y cierre adintelado.
Alrededor del año 80 d.C. fue necesaria readaptarla, construyendo otra
abovedada y de mayor capacidad con un metro sesenta de altura media, y un ancho
próximo al metro. Ambas redes permanecieron paralelas e incluso se
aprovecharon las canalizaciones secundarias que las comunicaban con las
viviendas.
De
la segunda cloaca, merece ser desatacado el hecho de que Astúrica sólo
necesitó cuatro redes principales, lo que indica la obtención de
unas cotas que, pese a las diferencias de altura del cerro, permitieron la
simplificación del sistema de evacuación. Su empleo pudo
extenderse hasta el siglo V y no se tendrá noticia de ellas hasta 1866
cuando se vuelven a poner en uso al ser redescubiertas construyendo el nuevo
alcantarillado de la ciudad.
La
primera exploración fue llevada a cabo por José Mª Luengo
Martínez en 1946 en el ramal correspondiente al Jardín de la
Sinagoga, detectando en ella ramales secundarios adintelados semejantes a la
primera cloaca de Asturica y canales de acometida de pequeñas
dimensiones. Por los restos encontrados en el interior, da una cronología
muy posterior (ss. III-IV), que podría responder al abandono de la red.
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