
La
Ruta del Oro
Esta
visita a la comarca de la Maragatería se fundamenta en la existencia de
un conjunto elevado de minas de oro y asentamientos tanto prerromanos como
romanos. La existencia del mineral en la comarca maragata y, en general en todo
el occidente de la provincia la provincia de León, se remonta a las
culturas prerromanas. Son abundantes los restos de asentamientos astures en toda
la zona, e incluso la cercanía de tesorillos y joyas en metales preciosos
indican el conocimiento de los sistemas de extracción.
Sin
embargo, será la romanización el causante de las fabulosas minas
de oro que se pueden ver tanto en esta falda del Teleno como en las Médulas
del Bierzo, siendo el fin primordial del asentamiento de Astúrica Augusta
dentro de una cultura que establece como elemento diferenciador social al oro.
Desde el asentamiento militar de la Legión X sobre el cerro de la actual
Astorga hasta la fundación de la ciudad pasarán escasos cincuenta
años destinados a la pacificación y acondicionamiento de los
castros y coronas vinculados a las minas.
El
esplendor de las explotaciones comenzará con la dinastía Flavia, a
lo largo de los dos últimos cuartos del siglo I d.C, y se mantendrá
hasta mediados del siglo III cuando comienza la decadencia imperial que obliga a
las reestructuraciones administrativas y sobre todo, al cierre de muchas de las
explotaciones como consecuencia de su encarecimiento.
Los
vestigios de esta utilización del subsuelo de la Maragatería están
patentes en puntos como la Corona de Pedredo, la Fucarona en Rabanal o los
castros y canales de las faldas del Teleno, cuya visita se complementa con el
acercamiento a una de las comarcas que, quizá por su aislamiento geográfico
del entorno de la provincia, mejor ha conservado sus tradiciones y costumbres.
Los
maragatos ocupan una región de 400 km. cuadrados cuyo subsuelo se vio
alterado por las mencionadas explotaciones, lo que permitió el desarrollo
de otras actividades como la arriería, principal medio de vida entre los
siglos XVII al XIX. Sus mercancías procedían mayoritariamente de
los puertos gallegos, receptores de los productos indianos para llevarlos hasta
la capital pasando periódicamente por la Maragatería, punto en el
que confluían el Camino de Santiago con las principales rutas de arriería
como eran el Camino Gallego y la Vía de la Plata. Su estancia permitió
el nacimiento de otras actividades preindustriales como la elaboración
del chocolate con el cacao procedente de América y los textiles que luego
darán lugar a las dos principales industrias comarcales tras la
decadencia del trajín de las mercancías por el surgimiento del
ferrocarril.
Estas
formas de vida generarán una arquitectura específica destinada a
la recua o caravana de mercancías, caracterizada por grandes viviendas
con accesos amplios para el paso de los carros al patio en torno al que se
organiza toda la vivienda. Normalmente ésta se muestra muy cerrada al
exterior para paliar las inclemencias del clima y se cubre bien con teja o bien
con paja de centeno majada en función de la riqueza del propietario. Los
mejores ejemplos se pueden ver en Castrillo de los Polvazares, Santa Colomba de
Somoza o Santiago Millas, donde se encuentra la inacabada urbanización
arriera del Maragato Cordero.
Junto
a la arquitectura civil, la vida religiosa y la nobleza del marquesado han
quedado patentes en pueblos como Turienzo de los Caballeros, en el cual se
conserva el torreón del castillo y uno de los mejores ejemplos de
arquitectura románica eclesiástica. También los encontramos
en Lagunas de Somoza y Rabanal del Camino, éste último referencia
obligada de los peregrinos antes de cruzar el puerto de Foncebadón, cuyas
leyendas e incierto origen han conservado tradiciones como la ofrenda de pequeñas
piedras en la Cruz de Ferro.
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